domingo, 1 de enero de 2012
2012 guiños
Nada fue peor que caminar en los pasillos escuálidos del aeropuerto, sabiendo que ni zapato ni nada, llegaría descalzo a su destino final.
Luego le esperaba el chasco terminal. La playa vaciada de turistas y él con un pie cambiado, de negro a naranja bombai.
Aquí estamos en la isla, en vísperas de Navidad. Charlie tiene bajo las sábanas un encuentro celestial, payasos colgados de los árboles que ululan la inefable verdad: ¡vive tus días contados! ¡vuela, ave de corral!
Nos aproximamos a la noche del 31 con un espíritu extraño, de mágico animal. Estamos persiguiendo a la luna con los botones lustrados, recién bañados. Y resulta ser verdad que estamos encantados, del ser occidental.
Lo hemos visto boca abajo, con dientes en la billetera por igual, moneda es lo mismo un muerto que un pescado, qué más da.
Así está Charlie cuando el 2012 empieza a despuntar. En los ojos aletas de pescado y en el alma, el silencio de los tiempos que están por terminar. A su alrededor, un millar de luces que brillan: gatos, perros, pájaros y gallinas salen de entre las sábanas con el nuevo día.
2012 guiños en tu honor, Charlie bala perdida, Charlie niño señor.
viernes, 17 de julio de 2009
Muerte y la China
“Los Mossos d'Esquadra detuvieron en la tarde de ayer en
Lees el papelito que ha quedado pegado entre las baldosas mojadas de tu patio encantado. Ese diario anticuado te recuerda la ausencia de Charlie, tu hombre enamorado. Ves la cara de la niña china en la fotografía y la reconoces, es ella, la señal que hasta entonces perseguías. Pero si la niña está muerta y la tienda china a la vuelta de la esquina ha clausurado sus puertas, ¿dónde vas a encontrar a tu marido ansiado?
Piensas y en la nebulosa adivinas que tal vez has de recorrer las salas de urgencias y unidades de intensivos cuidados. Allí tal vez se
Vas
Es una sala blanca, donde el aire está viciado y los enfermos esperan con ojos de ratón atrapado, las orejas
martes, 16 de junio de 2009
Nuevas caras
domingo, 26 de abril de 2009
Diente de ajo
sábado, 4 de abril de 2009
Gente guapa
viernes, 13 de marzo de 2009
Estrella
sábado, 14 de febrero de 2009
Equilibrio
sábado, 24 de enero de 2009
Tocata
martes, 13 de enero de 2009
Pedalea
Estás henchida, dorada y ligera llena de ti misma, convertida en madre tierra. En el fondo de la cueva empiezas a encontrar tesoros: estrellas anaranjadas y fluorescentes flores, caracolas nacaradas, cristales como lágrimas que de tus entrañas profundas cayeron en la gruta y ahora son tierra fecunda.
Sueltas tu cabello y mueves las aletas. Tu tetas estriadas brillan excitadas por esta nueva etapa y se dirigen a la luz, en la superficie donde el viento sopla y el sol destapa.
Ahí vas en bicicleta, pedaleando como un hada marina convertida en atleta.
Has reencontrado tu meta, amar ramas como una ilusa, y no es que estés confusa, una visión lúcida te lleva en volandas: es el amor alquimia más que quimera. Y tendrás un reinado abundante donde antes había rocas. Hacia él pedaleas llamando a Charlie, el chaval de las mariposas, el que revive a las mari-esposas después de muertas.
jueves, 8 de enero de 2009
Mu

"Muuuuuuu...."
Tu voz sale de la garganta como un ronquido, cual vaca o ballena, o como un animal herido, estás mugiendo cuando levantas tu mano y tocas las paredes de piedra. En la caverna todo está oscuro y todo está limpio. Es negra, húmeda y de contornos indefinidos, en ella eres y estás como sedienta, buscando letras con tu mugido.
"Muuuuuuu...." repites. Y entre sueños lo ves a Charlie flotando en un cielo golondrino con el sol languidecido. Recuerdas las tardes de cristales y las mañanas al viento, cuando entre las sábanas le decías tu nombre y en cascadas caían letras en su pecho. Luego, desayunábais medialunas de cobre ensayando el olvido.
"Ay, Charlie". Te musitas mustia como una flor sin sentido...
Entonces enrojece tu vientre y llora tu niño. Le entregas el seno rebosante y florece un manojo de claveles chinos. Tu niño sonríe a sus dientes de leche. Mientras llora, mientras ríe, tú tiemblas como un alambique sumergido en el océano.
Mu. Ahí está el origen, mujer, madre, anciana del abismo.
La clave es tu (d)instinto.
domingo, 4 de enero de 2009
La boca
sábado, 29 de noviembre de 2008
Íntima y nocturna
Ahora estás en pleno silencio, no escuchas las olas ni tampoco las gaviotas, sólo tu respiración que va y viene como una anciana señora roncando en el tiempo. Entonces llegas a una gruta. Es una cueva oscura y mojada de agua salada. La tierra es arena blanca con fósiles moluscos y no se escucha nada, ni el suspiro de un hada. Te arremolinas buscando una mágica figura, un caracol iluminado en la tumba o en la cuna. Poco importa si estás muriendo o estás naciendo, lo que importa es que eres una y te estás multiplicando.
Te has echado.
Ahora tu cuerpo está relajado y te concentras en el dolor que empuja huesos y músculos por tu vientre atravesados. Vas abriendo un sendero para tu niño venidero. El cerebro se te estruja hasta hacerse diminuto como un dátil jugoso o una esponja enana. Ya tus manos no utilizan utensilios ni herramientas, sino que laten, gruñen y murmuran que por fin te has vuelto hembra.
Aparece una barca. Está hecha de lianas y de yedras. Te acompaña un sabio o una bruja, no aciertas a saber de quién se trata, pero sabes que está entero y te mira como a una hermana. Allá llegas. La barca te lleva y te sientes ligera, entonces abres la boca, cantas, gritas e invocas hasta que de tu lúcida vágina emerge un niño, un niño de sangre. Un hijo.
Tu hijo.
Lo abrazas, lo hueles, lo meces y él te busca, te huele, te siente trepando por tu vientre hasta llegar al pecho, donde un pezón le sonríe como si ésta fuera su tierra.
Luego acuden a la cueva otros animales sin truco: monos, cerdos y otros cachorros se agolpan en tus tetas, rozan el cielo mientras maman y amanece.
Ya eres hembra, ya eres tierra. Por fin has llegado del otro lado, íntima y nocturna has invitado a un sin fin de mujeres que el camino han desandado. Todas ellas te miran, todas ellas suspiran y entre flores, permanecen.
jueves, 27 de noviembre de 2008
El día de la puta
Luego, quietud y silencio.
Cuando alcanzas a mirar entre el aire polvoriento descubres que tu mansión se ha pulverizado como un viejo quiosquito de periódicos arrasado por las marejadas del clima trastornado. No queda nada de lo que fue, más que el sofá morado y una lámpara de pie. Tú estás milagrosamente salva, en un paisaje desolado y fantasmal, con tu libro a un costado. A lo lejos se escucha un extraño silencio, de mar embravecido y pájaros volando. Te lames los labios y notas que el polvo está salado, cargado de hierro, carbón y otros sabores pesados. Pata de pavo es lo que estás tanteando sobre el sofá mientras buscas el interruptor para encender la luz. Con una mano encuentras el interruptor y le das, algo descreída. Sin embargo la luz se hace y te encuentras a las mil maravillas. Con la otra mano te agencias la pata de pavo y le hincas bocado.
La cena está servida. Tú estás a la deriva y la heroína de tu cuento todavía no ha llegado, así que abres el libro donde lo habías dejado y te entregas sin reservas al viaje más intrincado.
sábado, 22 de noviembre de 2008
Caracol
Tú decides que bajas, con tus largas pezuñas golpeando en el silencio y el hocico mojado goteando chorretes de moco licuado. Cuando de pronto la luz resplandece temblorosa y sorpresiva, puedes ver la escalera que desciende interrumpida, y en una esquina contra el muro, un tramo suspendido sin conexión hacia abajo ni hacia arriba. Ahí está tu bebé perdido: en ese pequeño rectángulo colgado en el vacío, tu hijo, a cuatro patas como buen mamífero, te busca en su agitada espera.
Descubres entonces que el niño no corre peligro. Que sabrá esperarte sin salir del recuadro, protegido del salto al vacío por su instinto divino.
Pero, ¿cómo vas a rescatarle? Los dientes te crecen y las muelas hunden sus raíces en tus sienes. La cabeza te explota de grises y matices mientras remodelas el mundo en tus dedos ausentes. Amnésica estás presente de manera intermitente y tu consciencia va y viene, entre la carne, los músculos y tus células sufrientes. De pronto tus pulgares se ponen a ulular como bichos enroscados, atrapados en una ceguera omnisciente:
-“!!!!Charliiiiiiie!!!!”.
Es un aullido rotundo, la palabra insuficiente para explicar tu dolor de mundo.
viernes, 14 de noviembre de 2008
Lo Perdido
Lo Perdido mueve la cabeza como si doliera. Te está doliendo el cuello de tanto pensar en ello, entonces buscas en tu bolso y le tiendes unas llaves. “Es viejo pero funciona”, le dices sin pensar en lo que haces. “Está aparcado frente al parque, un Citroën amarillo. Era de Charlie”. Lo Perdido te mira como si estuvieras loca. Luego mueve la boca y le salen borbotones de fresas, frambuesas y frutas deleitables. Flores de risa brotan en el aire.
Lo Perdido te mira, respira y trina estas frases “Las mujeres sois el más bello enigma que nos dejó el de arriba. Qué pena que algunas estén tan desquiciadas haciendo disparates. Amy se llevó a mi hijo, se fue con sus amigas divorciadas a trepar una cima. Fuimos un buen equipo pero nos metió dinamita porque quería cancanear, festejar y trasnochar. Ganar guita y estar como la que más… y ahí se fue la madre con mi criatura prendida". Lo suspira hondamente y añade pensativo "Nunca has de hacer lo que no quieres que te hagan”, clavando sus ojos transparentes en los tuyos “no dañar, pisotear ni insultar al que te ama…”
Lo Perdido se calla. Tú no hablas.
En ese momento el motor de una motocicleta estalla, suena su estruendo y pasa a vuestro lado como un trueno una moto de gran calibre. “¿Lo ves?” te dice Lo Perdido, “de tanto correr la gente ha perdido el sentido….” Cuando está diciendo esto te acuerdas del tiempo y miras tu relojillo. Son pasadas las siete y has de correr a buscar a tu niño. Te despides de tu amigo y él te besa agradecido. Con esta perla como guante ceñido te devuelve a la ciudad en la que estáis perdidos: “No corras, belleza. Si corres te puedes caer o puedes perder a los que van más despacito. Y luego, en la cuneta, sola o majareta, ¿quién te va a querer?".
domingo, 19 de octubre de 2008
Infierno blanco
Ella tiene piernas largas y una mini minifalda. Pedalea como una yegua o un caballito de agua, le mete, le mete y casi vuela, mientras tu sacas la lengua y te derrites como una cerda. Corres sin pensar concentrada en su traste blanco hasta que se detiene frente a un cine. Ata la bici y compra su entrada para la sesión que está empezando. Luego, tras ella en la cola, le dices a la vendedora “una para la misma que mi amiga”, y señalas con la mirada la coleta que oscila.
Cuando entras en la sala la oscuridad te inunda. No ves tres en un burro y vas medio tarumba, dando patadas a todo el mundo. Escuchas un “ayyyyy, so bestia, mira por donde andas” y entonces decides sentarte, ahí mismo donde estás parada.
Al poco te das cuenta de dónde estás metida. Es la tercera fila, la sala está repleta y a izquierda y derecha hay un barullo de memos, un montón de chicos granudos comiendo palomitas y otros venenos.
La china no está en escena. Dilatas tu mirada pero nada, no ves nada. Entonces, como una lerda, te das cuenta. Estás detrás de un cuerpo que no entra por la puerta. Un tipo enorme, todo espalda, está sentado en la fila de enfrente y lo que ves no es pantalla, sino musculatura prominente. Vaya, estiras el cuello como un avestruz amargada. Ahí enfrente está la película, recién empezada. Retumba una banda sonora más bien opaca, de las de hacerse caca. Aparecen los títulos y te enteras de qué se trata: Infierno Blanco se titula la cinta, empieza en una sala blanca con una mujer encinta. Estirando el cogote por detrás del monigote consigues seguir la primera escena. La embarazada camina moviendo la panza con cara de pena, recorre un pasillo largo sembrado de puertas. Las puertas están cerradas y ninguna se abre por mucho que lo intente. Parece que busca un trago, algo que llevarse a la boca, con qué llenar el estómago. Finalmente, una puerta entreabierta. Empuja lentamente y aparece esta escena: una hilera de camillas, con hembras de piernas abiertas y algunas en cuclillas, con los ojos abiertos, los puños cerrados, los dientes ajados y las bocas blasfemas gritando por todo lo alto como perras. Hay varias que están de costado, con cables conectados a máquinas eléctricas, son las hijas de la ciencia. Del otro lado, una que ya ha dilatado está siendo observada por un ginecólogo angustiado. El tipo mete la mano en el orificio sagrado para medir la salida, no vaya a ser que el producto salga malogrado. Entonces la parturienta suelta un estornudo y al médico se le encalla la mano, se le queda el puño hecho un nudo en el útero atascado. Grita el muy desgraciado “!!!!cuidado, cuidado, el cordón ha prolapsado!!!!” mirando el monitor y agitando el otro brazo. Entorno revolotean otras manos, enchufando, atando, remezclando líquidos y preparando el traslado para una cesárea de urgencia. La protagonista está petrificada, con ojos de buho trastornado y una cara de trágame tierra, apenas consigue mover las piernas. Cuando finalmente cierra la puerta, el ginecólogo sale disparado, corriendo tras la camilla con la mano atrapada en la vagina.
Atrapada en esta escena te has quedado como lela. Casi olvidas a la china y a tu hijo que espera la cena. Entonces, el gordo se despierta de un ronquido y cambia de costado, y tú te quedas sin película, con el cuello atenazado.
Buscas en la sala y no encuentras a la china, que de pronto se ha esfumado. Estiras la pata entumecida y corres hacia la salida, mirando a todos lados. Cuando atraviesas la puerta, el aire de la city te golpea en la jeta y te trae acentos raros, swajili, aragonés e inglés entremezclados con el pitido de un carro y un vendedor de cigarros. La bici ya no está y la china está perdida. En tu reloj dan las cinco menos cuarto, te queda un rato. Calculas mentalmente y decides volver al chino, a ver si tienes suerte. Tal vez sea esta tarde, la de los muertos vivientes.
lunes, 6 de octubre de 2008
De ambulancia
jueves, 2 de octubre de 2008
El fin de las flores
Hay flores de otoño, las ves por la ventana en el balcón de la esquina, el de la vieja profana. En tu mente reverberan preguntas sin respuesta. No sabes qué pasó con el viejo asesinado, ni porqué tu hombre se ha esfumado.
Lo que sabes todavía no ha sido nombrado.
Son las flores de septiembre, las que llaman a la puerta. Abres con tu mejor sonrisa de empleada, las dejas pasar al despacho y les sirves una infusión caliente. Ellas no sonríen ni tampoco emiten palabras, sonidos o algún significado. Sólo asienten, te miran mientras limpias tus papeles, ordenas cosas antiguas y casos clausurados, archivas, remueves, categorizas lo que te enloquece. Las flores como seres alados con vientres perfumados parecen esperar un signo, una señal que libere el estigma y las conduzca a un feliz estado.
Tú no tienes señales, ni libros sagrados ni leyes de estado. Lo más que tienes es tu útero cortado y tu recién nacido en un piso alquilado.
Entre el último caso archivado encuentras entonces una pluma, de algún pájaro extraviado. La tomas con tu mano e imaginas con los ojos cerrados que cosquillea de tu hijo un costado, luego otro, luego detrás de la oreja dibujando un caracol enroscado. Las flores de septiembre se ríen, cacarean como viejas o como campanas rotas, con carcajadas abiertas y flojas. Tú también estás cacareando cuando el jefe te llama por el interfono conectado: “Señorita, tráigame un valium que estoy angustiado”. “Claro”, farfullas, y con la pastilla sales volando. Al volver las flores se han excitado, ahora están abiertas, como rosas hermosas o claveles clavados: “Uuuuuu, Uuuuu”, ululan como lobas, “el jefe está drogado”. “Shhhh… por favor... que me mandan al carajo…”, pides silencio mirando al despacho donde el jefazo, como un poseso, pelea con su mujer por la tenencia del niño que han hecho y que los ha separado.
Las flores tiritan. Tú tiemblas como un venado. Han llegado las siete y la tarde está calando cuando se abren como fieras y una a una te muestran sus heridas hablando: “un Kristeller, guapa, hazle un Kristeller”, grita una loca y la otra “dale con la mano, una ventosa, lo sacas con la ventosa”, musita una inglesa, “un Hamilton, le digo, a ver si lo acelera” y la otra arranca sureña, “una epi, te digo que una epi y sale resbalando”.
Las voces son gangosas, de dolor amortiguado.
Tú sigues temblando con las manos sudorosas. Entonces apagas las luces y sales del despacho con los pies atravesados, mientras tu jefe sigue en la suya y las flores se marchitan. Abandonas el lugar cejuda, hacia el hogar monoparental vas caminando en tu noche turbia y sabes que no has llegado, pero al menos no estás muerta y seguirás buscando.
lunes, 29 de septiembre de 2008
Lagartos
viernes, 19 de septiembre de 2008
Cyber Kat
Luego otra ventana te cuenta de este entuerto: progenitores furiosos porque la leche china está infectada y ya son miles los niños enfermos. Lactantes diminutos mueren de mal de riñones por un defecto de fábrica, en el gigante amarillo los niños no están seguros ni los piratas se están quietos. La última ventana te muestra esta perla: con las pasadas olimpiadas aumentaron las cesáreas porque las chinas ansiaban parir en fecha tan señalada, augurio de gran fortuna e importancia.
Con semejantes noticias te quedas atontada, un trabajo de chinos descifrar tanta burrada y tanta cosa mezclada. Pagas tu euro y medio y lo saludas a Pirata con un beso en el entrecejo, entre la ceja negra y la ceja blanca. “Mira que eres atrevido…” le dices al amado bicho, tu Cyber Kat preferido. Luego sales a la calle en plena mañana, la niebla cae sobre la ciudad atestada de hombres, mujeres y niños. En el cielo se oye un estruendo y circulan varios aviones, tienen alas de acero y morros respingones, lo que no tienen es brújula para guiar sus motores.