lunes, 31 de agosto de 2009

Vuelta al cole

Suenan las trompetas de septiembre y volvemos a la carga. Este otoño nos verá con tetas flacas y la pelambrera larga, por qué no, asomando la cara en el túnel de descarga. Encaramos el invierno y la vuelta al cole, y estamos a tope, con las pilas cargadas y ganas de marcha. El colectivo Dones Llop se ha tomado el trabajo de escenificar el anatema de la hembra post-moderna, con su nausea yang y su ying entre las piernas. Si los pelos de abajo están en la cara es más difícil negar las sirenas: vamos que estamos a destajo reivindicando por las buenas, aunque algunos digan que somos chicas malas.

viernes, 17 de julio de 2009

Muerte y la China

“Los Mossos d'Esquadra detuvieron en la tarde de ayer en Barcelona a un hombre de nacionalidad china acusado del brutal asesinato de tres compatriotas. Los cadáveres descuartizados de las víctimas —un hombre, una mujer y una niña— fueron descubiertos pasadas las cinco de la tarde en el interior de un local situado en el número 63 de la calle Hospital, en el populoso barrio del Raval, en la parte baja de la ciudad”.

Lees el papelito que ha quedado pegado entre las baldosas mojadas de tu patio encantado. Ese diario anticuado te recuerda la ausencia de Charlie, tu hombre enamorado. Ves la cara de la niña china en la fotografía y la reconoces, es ella, la señal que hasta entonces perseguías. Pero si la niña está muerta y la tienda china a la vuelta de la esquina ha clausurado sus puertas, ¿dónde vas a encontrar a tu marido ansiado?

Piensas y en la nebulosa adivinas que tal vez has de recorrer las salas de urgencias y unidades de intensivos cuidados. Allí tal vez se halle la respuesta.

Vas como una nueva Dalila en busca de tus perdidas tuercas. En pocas horas te presentas y ya estás frente a un servicial empleado que te explica que si no estás de urgencias, el acceso te está vedado. Has de estar medio muerta para que te abran la puerta.

Es una sala blanca, donde el aire está viciado y los enfermos esperan con ojos de ratón atrapado, las orejas como aristas deformadas y los brazos tendidos, endurecidos y pelados. Tal vez Charlie esté en algún rincón olvidado, esperando a que un suero lo devuelva a su vital estado. Enloqueces de angustia sólo con pensarlo. Si Charlie está en vida, juras que vas a encontrarlo. Entonces te cuelas, entre las camas, las heces, el pus de heridas abiertas y el hedor de rotas muelas, tras un pasillo infinito hallas una puerta que se te antoja distinta. La empujas. Con dolor en la boca y fuerza de loca de tu cuerpo infantil te desprendes. Descubres en la habitación dormida a una bella durmiente con vocación de marido. Es Charlie, finalmente, ahí está tu amor perdido. A los pies de su cama te sientes enana, diminuta en el pasaje de la muerte. Y prendida del amor y la muerte, de pronto te sorprendes. Ya la que eras está perdida y la de ahora es cien mil veces más fuerte.

jueves, 25 de junio de 2009

Partes de partos


He aquí un trailer del proyecto documental Partes de partos, en pleno desarrollo. Espero recibir comentarios, críticas y si hace falta, zapatazos. Se trata de corregir ahora lo que más tarde sería imposible... gracias por aportar y no tengan miedo de arañar, tenemos el ego blindado.

viernes, 19 de junio de 2009

Barba premiada


La artista multisdisciplinar Encarna Martínez ha sido premiada por los pelos de su barba. "Las madres españolas del s.XXI tenemos que masculinizarnos para poder vivir en la sociedd actual. A mí me ha pasado. Mi grado de masculinización ha aumentado con mi embarazo y el parto" afirma la autora desde la web del CCCB dedicada a la muestra de fotografía africana BAMAKO, que en esta ocasión se centra en la obra del camerunés Samuel Fosso.
Esta provocativa imagen es una ventana abierta hacia una reflexión necesaria y urgente. Si las madres nos hemos de masculinizar para sobrevivir en nuestro mundo de locos, ¿quién se ocupará de maternar la tristeza y sus mocos?

martes, 16 de junio de 2009

Nuevas caras

La cara de tu hijo está enmarcada en la ventana, te mira con ojos pícaros y luego hace un ademán con la mano y se pierde tras el marco. Le sigues, sacas fuerzas que se habían agotado. Ahora estás segura de seguir caminando, aunque no sabes bien dónde te llevarán sus pasos. Tras la ventana se abre un camino entre los árboles, un zig zag de ramas verdeando y en el cielo, el azul que habías esperado. Tu hombre, el de la cabeza dorada, se ha esfumado. El chiquito corre y tú le sigues los pasos. Vas que vuelas con las chancletas heredadas de tu abuela y los pies malhumorados, heredados de tu madre la del corazón pesado. Lo que pesa son los años pasados zurciendo el duelo del pasado. Entonces sucumbes, y le sacas lumbre a las noches en vela buscando dados donde sólo hay candelabros. En la oscuridad del derrumbe encuentras cosas de herrumbre y objetos olvidados. Una caja añeja y dentro unas piezas, un prendedor dorado y una vieja pluma. La reconoces. Te fue entregada por un hombre amado y la perdiste, para hallarla de nuevo en tus manos tras un paseo imaginado en le bosque de las lumbres. Allí estaban las lumbreras y te contaron con todas las letras que eras poeta, mujer de letras.
Ah, detrás del niño irás con tus letras. Y corres a ponerte las aletas, los ojos y las branquias de pescado. !Ah, gracias al niño estamos con esas!

miércoles, 27 de mayo de 2009

A la bartola

"!Ala, echate a la bartola mujer, que ahora sí que tienes tiempo!". El que lo dice es tu padre, al teléfono, sacándole hierro a tus quejas sobre lo mucho que te cuesta conciliar lactancia y crianza materna, labores domésticas, trabajos remunerados y un cierto equilibrio en tu salud física y mental. Y es que él, como tu mejor amigo, está convencido de que la maternidad es un chollo que consiste en disfrutar de la calma hogareña y seguir por fin el culebrón venezolano enfundada en un par de cómodas pantuflas. ¿Cómo le explicas a un nostálgico del pasado que hay que cambiar la foto fija? Claro, si hubiera tiempo, le harías un análisis claro. Lo malo es que llegas tarde a recoger las cacas del gato.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Mi maternidad responsable

A medida que crece la vitalidad, fuerza, equilibrio y movilidad de mi bebé, voy ganando millas a la comprensión de la aplastante realidad que llega con la maternidad. Una ya puede ser una mujer independiente, activa y emprendedora, con miles de cosas que hacer, sueños, negocios y mega proyectos, que su bebé se encarga de acompañarla suave e indefectiblemente hacia una cotidianidad rotunda y a la vez liviana. Recoger chiches, hacer papillas y limpiar plátanos aplastados, puré de brócoli y restos de galletas diseminados por todos lados. Lavar y doblar ropa lilipiputiense y barrer esquinas donde escarban diez dedos regordetes y diminutos cuando una se ha despistado. Apenas queda tiempo para el aseo cotidiano, el beso de las buenas noches, la lectura veloz de mails atrasados. Entre teta y teta, leo diarios caducados, vislumbro algunas frases de un libro empezado haces meses. Mi maternidad responsable e instintiva me tiene cautivada, feliz y estupefacta, lo admito, unos minutos antes de caer rendida.

sábado, 9 de mayo de 2009

Son todos unos depravados

Lo dices marcando bien las os de todos, mientras tu marido te mira perplejo por el retrovisor: "¿cómo que todos?, ¿qué quiere decir depravados?, ¿te refieres a que están frustrados?". No sabes, no respondes. Ya no estás segura de lo que piensas, si los hombres son todos violadores como decía Marilyn French o es que te molesta la moda de las go-go girls. Lo cierto es que tu vecino, que tiene dos hijas preciosas y una mujer espléndida, te derrite con la mirada cuando os cruzáis en el supermercado. Se le ponen los ojos viscosos y tardas un rato en sacarte de encima la sensación de que te ha manoseado. También lo es que cada vez más monstruos salen de los sótanos, en Austria, en Argentina y por los cuatro costados. Y es que si no son todos, son unos cuantos.

domingo, 26 de abril de 2009

Diente de ajo

Dos dientes han quedado clavados en tu encía. Son tus incisivos hincados en la noche para cerrar la boca a las palabras, que empujan como una corriente. Por no decirlas te has clavado un colmillo. Sacas de la carne una púa de sangre reseca, luego la sientes. Duele tanto que quema. Después de aquello no estás segura de seguir caminando. Luego piensas que has de salir de la cueva donde estás como gato encerrado. En ese instante, en la oscuridad de tu escondite aparece un muchacho de sienes varoniles, es él, el que cubre con mantas de algodón perlado las cunitas infantiles. Es tu macho. Le sigues entonces hasta una cabeza de esfinge por donde asciende una escalera. Entiendes que él conoce los secretos del camino y que con él llegarás a la cumbre. Entonces pedaleas, le das a tus aletas y en el agua te metes por las grietas hasta ingresar en la gran cabeza dorada. Allí encuentras la escalera espiralada y ves varias puertas, ventanas y pasillos que se bifurcan hasta sacarte las tuercas. Te preguntas cuál es y finalmente, eliges una. Una ventanita pequeña que tiene la voz de un niño escrita con arena. Cuando la abres te invade una brisa rosa de luna llena. Estás oliendo a pañales, ves su risa jocosa y sus locos ademanes, tu hijo como un sueño de las fuerzas siderales.

lunes, 20 de abril de 2009

Mujer colonizada


Si no entienden la letra, busquen anteojos. Aunque a la mujer colonizada le faltan los hoyos del bombardeo capital consumista y la torturante diatriba laboral, no tiene pérdida la obra de las Mujeres públicas. Guerrilleras del suelo público, magas en la arena.

domingo, 12 de abril de 2009

Descalabro

¿Por qué será que en la cuestión de género me cuesta tanto entender algo? En medio de estadísticas, teorías feministas y realidades disímiles y complejas me encuentro con varios descalabros. Estoy recogiendo pedazos de mis propios hallazgos y apenas atino a ver algo en claro: la carrera entre los sexos tendrá hijos huérfanos que aprenderán a correr antes de dar sus primeros pasos. Mientras ellos -y ellas- fuman en la terraza, con un gin tonic en la mano, formulando brillantes disquisiones sobre la sociedad del conocimiento, sus retoños esperarán un gesto-una caricia, humano amparo- atados a un carricoche y a un biberón enchufados.

sábado, 11 de abril de 2009

sábado, 4 de abril de 2009

Gente guapa

Con velocidad tras la burbuja ves tu rostro feroz. Pareces una hiena, te han crecido dientes y cadenas. Ladras a tu lado convertida en una bruja, con espasmódica rabia. Nada acontece, nada se cuece. Sólo escuchas quemar la mecha y una bomba reducir sus latidos al máximo, puro estertor. El tabaco ha quemado tus noches de vigilia, con vergüenza circunspecta miras tus marañas de vacío, que han molido callos amargos en tu interior. Estás hecha una fiera y lo peor es que es contra ti misma, por haber dejado escapar al caballo. Por no poder con los baldes de agua ni con los días de lluvia, ni mucho menos con la inundación interior. En el océano hay días que tienes para largo. Nadas, nadas y sigues nadeando y cada tanto caes en las cuevas, en agujeros impensados.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Gracias por vieja y salvaje

Diana Bellessi, así se llama esta poetisa argentina que canta el "tener lo que se tiene" e indica el lugar íntimo y diáfano de la poesía. Un poco como ella, me siento vieja y salvaje, a la vez que joven y bárbara. No es por la edad, ni por el yo que habla que destila la experiencia sus variabilidades. Más bien, en ese caos armónico que vamos organizando desde los pañales, un yo se enfrenta al intersticio de la nada, entre momento y momento, balbuceando palabras.

viernes, 13 de marzo de 2009

Estrella

Frente al tesoro estás palpitante. Mueves las branquias para inspirarte y buscas entre los restos de un naufragio, en un baúl de antiguallas se hallan copas de plata y guantes de esmeraldas, cinturones de fuego y diademas a juego, brazaletes, collares y monedas de antes. Mas no hay joya que te esté destinada. Mientras buscas surge en tu garganta una voz desesperada que en cien burbujas sale enfundada. Gritas y murmuras, farfullas entre dientes porqué no está en el tesoro una pieza refinada que te calce hundida en el agua. Estás abriendo la boca para gritar como una loca cuando la ves frente a tu cara. Es una burbuja franca, transparente, perfecta e impoluta. En ella te ves los dientes y el pelo flotando como alga en la corriente. Ahora tú, reflejada en la burbuja, levitas en el agua. Ahí estás como una sirena rota o una ballena hermosa, lo que eres no tiene palabra pero sí un reflejo claro: pechos redondos, vientre curvado, lengua, dientes y ojos de humano con cola de pescado. Entonces lo entiendes: ahí está el tesoro, eres tú misma hundida para siempre en el océano, flotando como una estrella en agua de mayo, por fin te has encontrado.

martes, 10 de marzo de 2009

El mismo miedo, de Laura Gutman

Es muy extraño que actualmente sólo podamos imaginar los partos como si fueran “situaciones riesgosas”. Es por eso que recurrimos a “especialistas” en tecnología, poco entrenados para sostener un encuentro humano y sin conocimientos para hacer preguntas adecuadas e íntimas. El motor de las decisiones suele ser el miedo. En consecuencia cada parturienta queda al servicio de las rutinas hospitalarias, en lugar de que el personal asistente esté al servicio de la parturienta. Un verdadero despropósito.Que los partos se produzcan en las clínicas y hospitales trae consigo una contradicción insoslayable: para tratar todas las enfermedades y accidentes se requiere que los médicos y paramédicos “hagamos algo, y rápido”. En cambio, para asistir a una parturienta, lo ideal sería “no hacer casi nada y esperar”. Por lo tanto, la lógica de parir y nacer en instituciones médicas es difícil de explicar.Consideremos que hemos dejado de respetar el tiempo. El parto es una demostración más de que las mujeres necesitamos comprender la dinámica del tiempo, sin confrontarlo ni manipularlo, porque lo único que logramos es quedar “fuera de nuestro tiempo” interno. Sólo cuando comprendamos que el parto sucederá cuando tenga que suceder, las intervenciones innecesarias caerán en desuso. Tomemos en cuenta que si la escena del nacimiento es hostil, si somos mal tratadas, si parimos enchufadas a cables y atragantadas de medicamentos, si nos desconectamos al punto de despersonalizarnos para no sufrir; recibiremos a nuestros hijos en pésimas condiciones físicas y emocionales. Las primeras experiencias de esos niños serán desgarradoras y el futuro, incierto. En cambio si pretendemos convertirnos en una sociedad más madura, más rica, más culta y más pacífica, comencemos por el inicio: hagamos la revolución en las salas de parto. Trasformemos cada nacimiento en una semilla de amor. Informémonos. Hablemos entre nosotras. Contemos la verdad. Pidamos ayuda. Organicémonos. Acerquémonos parturientas y profesionales para saber que compartimos el mismo miedo y la misma ignorancia. No nos hagamos las distraídas porque el cambio depende de cada una de nosotras, las mujeres.

domingo, 8 de marzo de 2009

martes, 17 de febrero de 2009

El libro de las caras

Escribir el libro de las caras sería un dolor de muelas. Estaría ahí, clavado, y sin embargo yo nunca sabría del todo dónde está. Y eso porque las caras son cambiantes e infinitas, innumerables y efímeras, un momento, un instante atravesado por una emoción o un pensamiento y luego la cara desaparece, se esfuma como un viento de temperatura variable.
Escribir el libro de las caras querría decir, tal vez, comparar las caras de ayer con las caras de hoy. Las caras del antes y del después. Pero, ¿antes de qué?, ¿después de qué? Habría entonces que inventar los entres, los siglos en que estuvimos perdidos cruzando barrizales y descifrando briznas colgadas en el sweater de un amante. Tal vez ese amante fuera el marido que una vez besaste con besos encendidos y ahora ni recuerdas, aunque lo tengas delante. Quizá los barrizales tuvieron que ver con tus intentos de llegar la primera, de escalar como una atleta los escaños sociales y de tener tarjetas. O cruzaste ciénagas de soledad y miedo para ponerte una careta y ser la protagonista más bella de Sex in the city, tú la princesa plebeya.
Escribir el libro de las caras sería una labor tan inútil como inabarcable. Inútil es hablar de una cara cuando las tenemos todas e inabarcable porque la que escribe habría de infiltrarse en la intimidad más inconfesable. En el quiebre de la aurora, la cara es otra. Muestra la arruga su pliegue, la borrachera su bronca. A altas horas de la madrugada, en esa línea sutil que nos separa del desayuno, los propósitos y el buen aliento, hemos dejado de ser quiénes creímos que éramos. Entonces nuestra cara no es más que una huella, un topos. Innombrable materia que refleja el devenir de lo que somos.

sábado, 14 de febrero de 2009

Equilibrio

Es lo que buscas. Mantenerte suspendida en ese tibio equilibrio entre las aguas de tu madre, con el cordón tirando suavemente en el vaivén de las ondas. Nadas como un pececito, o como un globo en el aire flotas con una sonrisa constante. Estás buceando entre las rocas, atraviesas verdes prados salpicados de marinos caballitos. Hay algas, ostras, percebes y alquitranes, algún viejo clavo y muchos peces, miles de peces. Nadas en lo produndo del océano y te mueves, aleteas convertida en sirena, nacida dos veces. Entonces en un recodo algo resplandece, brillo dorado que aparece y desaparece. Te acercas. Olisqueas con las branquias como los peces y entonces enloqueces: es un tesoro. Tú tesoro. El que buscaste durante meses...

lunes, 9 de febrero de 2009

Hasta que los hijos os separen

"Cariñoooooo" escuchas la voz de tu marido con un rintintín especial, temblorosa y expectante. Luego oyes cerrarse la puerta, la maleta arrastrar a lo largo del pasillo y las llaves golpear la fuente de porcelana de tu abuela. Estás en el sofá con las piernas abiertas y la patata relajada, los músculos de las piernas te pesan toneladas. Tu marido asoma la cabeza por detrás de la puerta: "hola guapaaa", y luego te mira con ojos de ternero extraviado. "¿Qué pasa cariño, estás enferma?", tú le miras con ojos carniceros y le explicas que SU HIJO ha decidido caminar sobre tu cadáver, que estás hasta el moño de la casa y de trabajar como una posesa. Él levanta un paquetito que lleva colgado del brazo: "Es lencería fina, cariño. La compré en el Duty Free y es a juego con los zapatos...". "¿¿¿¿Qué zapatos????", alcanzas a gruñir antes de lanzarle tu pantufla con efecto boomerang, que lo deja tirado en el suelo y callado por un rato.
Hijos que llegan para quedarse y horrores maritales que se acomodan donde antes había un feliz noviazgo.