domingo, 26 de abril de 2009

Diente de ajo

Dos dientes han quedado clavados en tu encía. Son tus incisivos hincados en la noche para cerrar la boca a las palabras, que empujan como una corriente. Por no decirlas te has clavado un colmillo. Sacas de la carne una púa de sangre reseca, luego la sientes. Duele tanto que quema. Después de aquello no estás segura de seguir caminando. Luego piensas que has de salir de la cueva donde estás como gato encerrado. En ese instante, en la oscuridad de tu escondite aparece un muchacho de sienes varoniles, es él, el que cubre con mantas de algodón perlado las cunitas infantiles. Es tu macho. Le sigues entonces hasta una cabeza de esfinge por donde asciende una escalera. Entiendes que él conoce los secretos del camino y que con él llegarás a la cumbre. Entonces pedaleas, le das a tus aletas y en el agua te metes por las grietas hasta ingresar en la gran cabeza dorada. Allí encuentras la escalera espiralada y ves varias puertas, ventanas y pasillos que se bifurcan hasta sacarte las tuercas. Te preguntas cuál es y finalmente, eliges una. Una ventanita pequeña que tiene la voz de un niño escrita con arena. Cuando la abres te invade una brisa rosa de luna llena. Estás oliendo a pañales, ves su risa jocosa y sus locos ademanes, tu hijo como un sueño de las fuerzas siderales.

lunes, 20 de abril de 2009

Mujer colonizada


Si no entienden la letra, busquen anteojos. Aunque a la mujer colonizada le faltan los hoyos del bombardeo capital consumista y la torturante diatriba laboral, no tiene pérdida la obra de las Mujeres públicas. Guerrilleras del suelo público, magas en la arena.

domingo, 12 de abril de 2009

Descalabro

¿Por qué será que en la cuestión de género me cuesta tanto entender algo? En medio de estadísticas, teorías feministas y realidades disímiles y complejas me encuentro con varios descalabros. Estoy recogiendo pedazos de mis propios hallazgos y apenas atino a ver algo en claro: la carrera entre los sexos tendrá hijos huérfanos que aprenderán a correr antes de dar sus primeros pasos. Mientras ellos -y ellas- fuman en la terraza, con un gin tonic en la mano, formulando brillantes disquisiones sobre la sociedad del conocimiento, sus retoños esperarán un gesto-una caricia, humano amparo- atados a un carricoche y a un biberón enchufados.

sábado, 4 de abril de 2009

Gente guapa

Con velocidad tras la burbuja ves tu rostro feroz. Pareces una hiena, te han crecido dientes y cadenas. Ladras a tu lado convertida en una bruja, con espasmódica rabia. Nada acontece, nada se cuece. Sólo escuchas quemar la mecha y una bomba reducir sus latidos al máximo, puro estertor. El tabaco ha quemado tus noches de vigilia, con vergüenza circunspecta miras tus marañas de vacío, que han molido callos amargos en tu interior. Estás hecha una fiera y lo peor es que es contra ti misma, por haber dejado escapar al caballo. Por no poder con los baldes de agua ni con los días de lluvia, ni mucho menos con la inundación interior. En el océano hay días que tienes para largo. Nadas, nadas y sigues nadeando y cada tanto caes en las cuevas, en agujeros impensados.